17/12/09

Pequeño afán

Si Ud. Presta atención a los tres o cuatro días al año en que la lluvia es copiosa y las calles mal asentadas se transforman en ríos de grueso caudal, podrá observar a la verdadera máquina generadora de energía que mueve nuestra ciudad.

A falta de una palabra o definición más adecuada los llamaremos “pequeños afanosos”, cuya altura exigua no supera los 7 centímetros y medio. Cada uno portador de una herramienta circular y un estilo estrafalario, trabajan sin descanso bajo tierra para alumbrar las calles y los hogares de Santiago.

Nunca he sido testigo directo del trabajo que llevan a cabo bajo nuestros pies, pero mi alma curiosa e indagadora recluta a mi imaginación y me es inevitable desarrollar teorías al respecto. Todo un mundo lleno de túneles subterráneos con cables eléctricos en sus paredes es la idea menos excéntrica que he trazado de un tiempo a esta parte; cada cable con terminaciones circulares, que calzan perfectamente con la única herramienta de nuestros afanosos, es la conexión entre la fuente de imperiosa energía con las centrales que la distribuyen a quienes la requieran. Desconozco la ubicación de esta fuente, sin embargo sostengo firmemente que los afanosos son capaces de portarla en su pequeño cuerpo y traspasarla por medio de la peculiar herramienta que los acompaña.

Volviendo al tema importante de esta misiva prosigo con algunos detalles que usted debe saber en caso que decida visitarnos. Cada afanoso con un gorro puntiagudo y vestido sin seguir ninguna regla de moda, aprovecha la fuerza de los nuevos ríos para recorrer la metrópolis por la superficie. En un pequeño bote caben cinco afanosos, y cinco gorros en punta son apreciables si uno mira con atención, cada uno rema con su inseparable “circulo” en caso que la pendiente no sea pronunciada. No se la razón de este acontecimiento que ocurre unas pocas veces al año, pero si se que muy pocos santiaguinos son consientes de el; culpo al ritmo agitado de la capital que impide ver mas allá del área que cubre el paraguas, o a las mismas personas que dejan que el stress los consuma.

Es por eso, sr forastero, que lo advierto de estar atento, ya que si sus sentidos no están al cien porciento puede perderse de un espectáculo pocas veces visto en Santiago, y casi nunca visto por los santiaguinos.

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