En una oficina ubicada en Plaza de Armas comienza su encierro diario. El tic tac del reloj, impresoras y teléfonos son parte de la rutina, interrumpida siempre por el recuerdo de su amante. Son las seis y el viaje a casa comienza, lentamente ella se escabulle entre sus pensamientos con su melodiosa voz, esbozando una sonrisa radiante en su rostro. Al llegar a su departamento, con el mundo sobre sus hombros, la ve apoyada en la pared mostrando su silueta curvilínea y atrayente. Las melodías que tarareaba su cuerpo de madera y cuerdas era todo lo que necesitaba. Suspiró aliviado.
20/1/10
Blues y otras melodías
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